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Este Hospital Central no cura PDF Imprimir E-Mail
jueves, 04 de febrero de 2010

Hospital centralEl odio que profesa Telecinco en general a la Iglesia y esta serie en particular (Hospital Central) es patente y manifiesto.

No sólo porque los modelos de convivencia y de familia que propone son todo lo contrario a lo que porpone la Doctrina de la Iglesia, de la que es lícito discrepar, sino porque cuando presenta a la Iglesia lo hace de forma hostil.

En otros episodios ha aparecido una de las enfermeras lesbianas alucinada porque el cura "le negaba el derecho" a bautizar a su hijo.

El martes sucedió lo siguiente.

Va uno de los médicos a la iglesia para casarse "por la iglesia" (no se entiende que alguien que no cree ni pisa mucho por allí acuda a este sacramento, pero bueno). ¿Quién le recibe? ¿Un cura amable, joven, agradable, misericordioso,...? Más bien no. Le recibe un cura agrio, amargado, odioso,... vamos, la imagen viva de lo que esta gente de Telecinco piensa que es la Iglesia, una institución rancia.

Sigamos. La conversación no tiene desperdicio. El tenor va avriando poco a poco y de un médico temeroso pasa a "héroe" que se enfrenta al cura retrógrado porque no entiende que el amor está por encima de las estrecheces de la moral obsoleta del Evangelio. En fin, que el cura queda como un "facha" y el médico anticlerical queda como el mejor tío del mundo.

Y no se trata simplemente de personajes concretos. Todos sabemos que son estereotipos. Así, tenemos al cura (=viejo, malo, agrio, amargado, odioso, etc) y tenemos al joven que vive su sexualidad como le da la gana (=héroe, bueno, lo normal,...).

En definitiva, a este Hospital Central no le gustan los curas (entonces, ¿por qué los sacan de vez en cuando? ¿Para elevar el nivel de audiencia?) ni tampoco podemos decir que sirva para curar heridas posibles sino apra abrir nuevas heridas de odio contra la Iglesia y quienes la apoyamos.

Una pena.

 
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El amplio juego del principio de la tolerancia en el ámbito de la libertad de expresión no significa que haya de otorgarse cobertura a las expresiones injuriosas o insultantes que constituyen una mera exteriorización de sentimientos personales que son ajenos a la finalidad de contribuir a la formación de una opinión pública libre y responsable o a la construcción de un debate racional capaz de favorecer el progreso del género humano.

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