| Yo no la quito |
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| viernes, 12 de febrero de 2010 | |
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En ella mi Señor me dió la vida, la vida eterna. En ella, mi Señor tuvo su trono de gloria. En ella, mientras todos veían sufrimiento, derrota, aniquilación, Él mostró su amor y su perdón. ¿A quién puede molestar esto? Si crees que tu Señor no se merece los desprecios que algunos españoles le propinan deseando verle desaparecer del espacio público, ponle en el centro. Pon esta imagen al final de tus emails. Hazle visible. Haz visible su entrega de amor por ti. "Me amó y se entregó por mí" dijo san Pablo a los Gálatas (Gal 2,20), y hoy tú lo puedes repetir. |
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El amplio juego del principio de la tolerancia en el ámbito de la libertad de expresión no significa que haya de otorgarse cobertura a las expresiones injuriosas o insultantes que constituyen una mera exteriorización de sentimientos personales que son ajenos a la finalidad de contribuir a la formación de una opinión pública libre y responsable o a la construcción de un debate racional capaz de favorecer el progreso del género humano. |
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