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SOBRE la web de la Unión de Ateos y Librepensadores (UAL) PDF Imprimir E-Mail
lunes, 12 de enero de 2009

peligro cura persiguiendo niños escuelaAnte la existencia de una web difamatoria de la Unión de Ateos y Librepensadores (UAL), el Observatorio Antidifamación Religiosa, desea manifestar lo siguiente: 

1. Esta Asociación hace campaña permanente contra los sentimientos religiosos de los que no pensamos como ellos, ofendiendo constantemente con comentarios falaces e hirientes. He aquí unos cuantos ejemplos.

2. Tratan de expulsar la religiosidad de la vida pública, cayendo en un contrasentido pues en una parte de su Manifiesto afirman que “El ateísmo enseña que hay que valorar la vida en la tierra, la única que tenemos, y reivindica para el hombre el orgullo de saberse dueño de sus propias decisiones, de sus capacidades, de sus posibilidades”, y sin embargo también atacan a la Iglesia cuando se ocupa de cuestiones sociales, cosa que está en su propia razón de ser (“… la libertad se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre sí las multiformes exigencias de la convivencia humana y se obliga al servicio de la comunidad en que vive”, Gaudium et spes, 31).

3. En otro párrafo del citado Manifiesto encontramos una acusación de inmadurez a quienes creemos: “Y para nosotros es una señal de madurez tratar de ver las cosas tal como son (que la muerte es el final de todo)”, lo cual es, evidentemente, una falta de respeto a quienes no opinamos como ellos.

4. Otra frase que podríamos destacar es la acusación falaz que hacen al afirmar tajantemente que “A través de los siglos el hombre ha avanzado gracias al conocimiento, pero nunca gracias a la religión”. 

5. “A la religión no le interesa el conocimiento de la verdad, sino solamente aquello que le permita justificar el dogma de sus creencias para poder perpetuarse”. Esto es totalmente falso. Véase, por ejemplo, la encíclica de Juan Pablo II Centesimus annus: “El hombre es, ante todo, un ser que busca la verdad y se esfuerza por vivirla y profundizarla en un diálogo continuo que implica a las generaciones pasadas y futuras” (n. 49). 

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6. Afirman “La moral que defienden y tratan de imponer las religiones al conjunto de la sociedad es una moral caduca e hipócrita”, lo cual es una mentira (la religión no se puede imponer, ni mucho menos su moral) y una difamación (la calificación que hace de nuestra moral excede todo respeto a las opiniones de los demás).

7. “Obstinarse en mantener los dogmas de la fe como paradigma de una supuesta virtud sólo sirve para frenar el progreso y para retrasar la incorporación a la sociedad de los avances proporcionados por el conocimiento y las nuevas posibilidades de la tecnología”. Con afirmaciones de este tipo se ha llegado, en épocas anteriores, a la sin razón de los ataques físicos a apersonas y bienes muebles e inmuebles. Cuando se señala a la Iglesia como el principal obstáculo del progreso científico, aparte de ser mentira, se la pone en el punto de mira de ataques verbales y físicos. Además, decir que la tecnología no debe tener más límites que la propia ciencia es algo abominable, pues la ciencia debe estar al servicio del hombre, debe ayudar a buscar el bien del hombre, nunca para destruirlo. 

8. El siguiente párrafo es más hiriente que mentiroso: “La religión en cambio enseña el desprecio por la vida”, sobre todo cuando es la Iglesia Católica la única institución de alcance mundial que defiende la vida de cualquier ser humano inocente desde el momento de su concepción hasta el de su muerte natural, cosa por la que recibe ataques diariamente, en especial por aquellos que hipócritamente se sitúan contra las guerras pero defienden el ejercicio de la violencia contra el no nacido o el enfermo. 

9. Como se ve en este párrafo, la imagen que tiene de las religiones, y que pretende “vender” a los demás, es nefasta: “Ha llegado la hora de concienciar a los ciudadanos sobre el enorme poder y la desmesurada influencia que las religiones tienen en todos los ámbitos de la vida social y sobre las fatales consecuencias que de ello se derivan”. 

10. “El nuestro no es un proyecto en contra de dios, porque entendemos que no puede ser la simple negación el motor que impulse la construcción de una sociedad nueva. El nuestro es sencillamente un proyecto sin necesidad de dios”. En efecto, su proyecto no es contra Dios simplemente, sino que es contra las religiones, en contra de que éstas puedan tener presencia en la sociedad.

11. Tratan de imponer sus creencias como si fueran dogmas, como si fueran verdades irrefutables, cuando son bastante opinables o incluso se puede llegar a demostrar lo contrario: “Es el proyecto de una concepción del mundo […] orientada a servir a los ciudadanos sin distinciones y no a mantener privilegios en nombre de una trascendencia que nadie ha conocido jamás, ni nadie jamás podrá comprobar”. Ignora, así, el testimonio de millones de personas que a lo largo de la historia han afirmado dialogar con Dios.

12. Además, mientras ellos afirman que sólo se conseguirá un orden pollítico y social óptimo lejos de Dios, la Iglesia ha afriamdo en reirteradas ocasiones que: “En los regímenes totalitarios y autoritarios se ha extremado el principio de la primacía de la fuerza sobre la razón. El hombre se ha visto obligado a sufrir una concepción de la realidad impuesta por la fuerza, y no conseguida mediante el esfuerzo de la propia razón y el ejercicio de la propia libertad. Hay que invertir los términos de ese principio y reconocer íntegramente los derechos de la conciencia humana, vinculada solamente a la verdad natural y revelada. En el reconocimiento de estos derechos consiste el fundamento primario de todo ordenamiento político auténticamente libre”. (Centesimus annus, 29).

Por todo lo anterior exigimos a los promotores de esta web que dejen de verter comentarios tan ofensivos y falaces. 

Madrid, 12 de enero de 2009
Antonio Alonso Marcos
Presidente del Observatorio Antidifamación Religiosa

 
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El amplio juego del principio de la tolerancia en el ámbito de la libertad de expresión no significa que haya de otorgarse cobertura a las expresiones injuriosas o insultantes que constituyen una mera exteriorización de sentimientos personales que son ajenos a la finalidad de contribuir a la formación de una opinión pública libre y responsable o a la construcción de un debate racional capaz de favorecer el progreso del género humano.

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